miércoles, 2 de mayo de 2007

Beneficios de la actividad física regular

2.2.1.2. Los beneficios que una población con SD puede obtener con la actividad
física no se han estudiado directamente, sino que se suelen deducir de los
beneficios que se pueden encontrar en la población general. Además, en
ciertos aspectos, puede llegar a haber controversia por los resultados de
otras investigaciones.

2.2.1.2.1. Aparato Respiratorio
Los individuos con SD pueden tener un efecto positivo de la actividad
física frente al aparato respiratorio, ya que debido a sus especial anatomía,
el trabajo respiratorio suele ser deficiente. Por tanto, al practicar deporte,
estas personas presentarían una mejoría del trabajo respiratorio.

2.2.1.2.2. Aparato Locomotor
Hay una mejoría de los niveles de fuerza después de un programa de
entrenamiento (Rimmer y Kelly, 1991; Croce y Horvat, 1992; Suomi,
Surburg y Lecius, 1995). Por tanto, es un factor positivo añadido de cara al
mundo laboral.
Al igual que en población general, podría haber un retraso en la aparición
de osteoporosis gracias a la actividad física, así como menores efectos de
la artrosis. En cambio, se debe destacar que en la población con SD no se
va a buscar un aumento de la movilidad articular cuando existe una
hiperlaxitud, sino que lo que se pretende es realizar un aumento del trabajo
muscular para reforzar las articulaciones, mejorar la postura del individuo y
evitar la hipermovilidad articular, frenando la hipotonía muscular propia del
SD.

2.2.1.2.3. Metabolismo
Si tuviésemos en cuenta la respuesta del organismo frente al
metabolismo lipídico en la población general, se deduce que existiría una
mejoría de este metabolismo, así como sobre control del sobrepeso, siendo
beneficioso también en caso de diabetes y de hiperuricemia. Pero a la vista
de las cifras del perfil lipídico que las personas con SD presentan, se
aprecia una incongruencia, ya que su perfil lipídico es totalmente opuesto al
que coincide con un alto riesgo cardiovascular. Es más, estudios sobre la
prevalencia de enfermedades arterioscleróticas (Murdoch et al, 1977; Ylä-
Herttuala et al,1989), afirman que el riesgo de enfermedad coronaria no
puede ser explicada por el perfil lipídico en personas con SD.

2.2.1.2.4. Psicosocial
Desde el punto de vista psicológico, los efectos del ejercicio físico en la
mejora del concepto de sí mismos y en las conductas asociadas a la
inteligencia en las personas con DP son esperanzadores. Aunque parece
ser que estos niveles son algo más que la mejoría del nivel de fitness,
existen pocas investigaciones al respecto (Van Amersfoort, 1996).
Cabe destacar los amplios efectos a nivel de salud mental, sobre todo en
cuanto a la autoestima, la sociabilidad y el mundo laboral. También es
evidente un desarrollo de procesos cognitivos a partir y a través de la
práctica deportiva. Por tanto, con la práctica de ejercicio físico, es posible
obtener los siguientes logros:
1. Mejorar el estado general de salud física y psíquica.
2. Iniciarse en la práctica deportiva y aprender a practicar actividad
física individualmente o en equipo.
3. Experimentar una deceleración en el ritmo de vida frente a las
exigencias de la competividad.
4. Disminuir y canalizar la agresividad verbal y física.
5. Aplicar los conocimientos y habilidades motrices durante la práctica
de actividad física.
6. Desarrollar la memoria motriz.
7. Aprender a reflexionar y a programar las respuestas antes de
actuar.
8. Organizar el tiempo de cada actividad en concreto.
9. Desarrollar o mejorar el autocontrol y frenar la impulsividad.
10.Potenciar el grado de socialización, mejorando la relación con los
demás.
11.Respetar las opiniones de los demás y asumir las decisiones
tomadas por la mayoría.
12.Aumentar el grado de autoestima.
13.Aprender a cuidar las herramientas y materiales que se utilicen en
las actividades, repetando el entorno de práctica deportiva.
14.Aprender a cuidar la integridad y salud de sus compañeros de
práctica deportiva.
15.Adquirir hábitos: higiénicos, dietéticos, de orden, de respeto a
normas, de respeto a los demás, de convivencia y de diálogo.


2.2.2. Actividad física practicada por población con
Síndrome de Down

Todas las personas, con mayor o menor intensidad, desarrollan un nivel
de actividad física. La vida cotidiana conlleva a la necesidad de movimiento
constante, a pesar de que últimamente la vida se ha ido convirtiendo cada
vez más en sedentaria. Es en el momento en que se quiere programar esta
actividad física cuando se ha de comenzar a controlarla para que sea lo
más beneficiosa posible, y no perjudicial. Muchas veces, sin entrar en el
terreno de la competición y el alto rendimiento, esta actividad llega a unos
niveles muy altos de requerimientos del organismo. Por eso es importante
no tener sólo en cuenta a la población deportista de élite, sino a todos
aquellos que se han involucrado en un programa cualquiera de práctica de
ejercicio, ya que los riesgos que se asumen cuando se practica una
actividad física de forma incontrolada son muchos, desde problemas
cardíacos (síncopes, arritmias, muerte súbita, entre otros) hasta lesiones
por sobrecarga (esguinces, contracturas musculares, roturas fibrilares o por
stress), o alteraciones metabólicas (deshidratación, hipoglucemia),
hipertermia, anemias y lipotimias entre otros.
Se entiende por actividad física cualquier acción que ponga en
movimiento nuestro organismo. Cuando esta actividad física se practica con
regularidad, siguiendo unas pautas de entrenamiento determinado,
consideramos que se está realizando ejercicio físico. La actividad física y el
ejercicio empiezan a ser deporte cuando esta actividad está delimitada y
reglada por normas (Pérez, 1994), para pasar posteriormente a la
competición.

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